viernes, 11 de marzo de 2011

Capítulo 5

Habían pasado un mes desde mi llegada a la gran manzana. En ese mes, había empezado a trabajar para la revista de moda más influyente del mundo. No era que no me gustara mi trabajo, bueno, ¿a quién voy a engañar? En mi opinión, servir café y contestar al teléfono, no me iban a ayudar a ser una buena periodista. Pero si era cierto lo que decían, por cada mes trabajando en VOGUE, una puerta de otra editorial se abría ante ti. De hecho, no me iba tan mal, había conocido a bastante gente importante en el mundo editorial gracias a todas las fiestas que había organizado Anna en ese mes. Y, casi por un milagro, había conocido a uno de los redactores más importantes de Nueva York. Se llamaba Paul Thomson y me aseguró que cuando quisiera dejar mi trabajo con Anna, tendría un puesto asegurado en el periódico. Le había mandado varios e-mails con mis trabajos de la universidad y me había dicho que todos eran impresionantes. De hecho, habíamos quedado ese día para tomar un café y para hablar.
Llegaba cinco minutos tarde y no había ni un maldito taxi en todo Manhattan que pudiera cogerme. Así que decidí ir caminando.
Llegué al Starbucks en el que habíamos quedado unos minutos más tarde, entré y por suerte encontré a Paul sentado en una mesa leyendo el periódico. Me acerqué hacia él y le sonreí.
- Lo siento Paul -dije mientras me sentaba delante de él- es que no había ni un taxi en todo Manhattan que me pudiera llevar.
- No pasa nada, no te preocupes -dijo mientras me sonreía.

Paul era un hombre de unos cuarenta y tantos que llevaba trabajando en el Nueva York por lo menos, más de veinte. Tenía unos ligeros rasgos orientales, a pesar de que procediera de Suiza. Había llegado a Nueva York con el mismo objetivo que tenía yo en esos momentos, conseguir mi sueño. Cuando llegó a Nueva York no tenía muchos recursos, pero ahora era una de las personas más influyentes en el mundo editorial.

- Bueno, ¿te ha gustado el último trabajo que te he mandado?
- Si, la verdad, me han gustado todos. Pero verás, te he llamado porque te quería proponer una cosa.
- Si, claro, dime. -contesté mientras daba un sorbo a mi capuccino.
- Bueno, el director del periódico ha estado hablando conmigo, quería que la diera algunas ideas nuevas para el periódico. Queremos escritores nuevos, ya sabes, cosas más juveniles, no queremos que el periódico se convierta en algo que solo leen los viejos.
- Si, te entiendo -dije entre una carcajada.
- Bien -sonrió-. Pues al director le han encantado tus trabajos y hemos pensado en darte una columna.
-¿Una columna? ¿Para mí? ¿Para mí sola? ¿Y de qué tratará?
- Eso es a lo que voy. Como eres joven, hemos supuesto que no querrías escribir sobre temas aburridos, si no que te gustaría escribir sobre temas… que molen, ¿no decís eso?
- Si, si, eso -dije mientras me reía.
- Luego, se nos ha ocurrido que podrías escribir sobre la ciudad. Pero hemos pensado que solo sobre la ciudad sería también un poco aburrido. Así que hemos mezclado la ciudad, con la vida juvenil, ¿qué te parece?
- Espera, ¿quieres qué escriba sobre mi vida? ¿Sobre la nueva vida que estoy llevando en Nueva York?
- Exacto. ¿Qué pasa? ¿No te gusta?
- ¡Me encanta! ¿Cuándo empiezo?

Salí de la cafetería con una alegría en el cuerpo que no se podía comparar con nada. Iba a dejar VOGUE para trabajar en un periódico, iba a tener mi propia columna y por fin iba a escribir. Había tardado un mes en conseguirlo, había desperdiciado un mes de mi vida en trabajar en algo que no me había gustado pero daba igual porque a partir de ahora iba a trabajar en algo que me gustaba, que era lo que había querido hacer siempre y era lo que había ido a hacer a esa ciudad.
La columna se publicaría diariamente y por cada palabra me pagarían 2$. No estaba nada mal ya que en una semana podría llegar a ganar 1400$. Y lo mejor de todo era que no tenía horario de trabajo, podría hacer la columna por la noche, por la mañana, en horas al azar… daba igual, solo tendría que entregarla a tiempo.
Era el trabajo de mis sueños.

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